Acostumbrada a hacer que las cosas sucedieran según lo que había planificado o porque sus caprichos lo indicaban. Siempre segura de que los sucesos se darían dentro de un intervalo de posibilidades conocidas.
Aquel día todo lo que pasó escapaba de su control, era difícil creer que ella estuviera tan temblorosa ante él, a quién siempre había mantenido bajo cierta distancia autoimpuesta.
Temblaba ante tanta proximidad, claramente él había trasgredido aquella barrera, se sentía extraño tenerlo tan cerca.
Mientras el recorrido 406 transitaba por Av. Las Condes en dirección oriente – poniente, ellos parecían sumergidos en su propia realidad, donde las palabras escaseaban y las miradas lo decían todo.
Al entrar a la estación Manquehue, ella tuvo algo de tranquilidad, pero era sólo un respiro, ya que él no pensaba alejarse de ella.
Escaparon de las responsabilidades por un rato y se quedaron juntos en aquel parque. Pasaron horas pero a ellos parecía no importarle. Cualquiera que los hubiera visto, habría pensado que se conocían desde hace tiempo, pero eran más bien dos almas solitarias esperando la oportunidad de volver a querer.
Todo lo que pasó ese día fue mágico.
Todo lo que ha pasado hasta hoy, también.
